jueves, abril 29

prescindir de mí

 Tantas veces me encuentro llorando partidas que todavía no fueron o que nunca serán, tantas otras, temo sobrevivir a esas despedidas y no ser efímera como, cada vez más, quiero ser. A la muerte no le temo, a la supervivencia sí, a sobrevivir a mis amados, a sobrevivir a mis pérdidas, no le temo a estar sola, le temo a seguir viviendo en el dolor, a seguir siendo necesitada, le temo a no ser prescindible y me aterra generar necesidad, porque si, aunque sea por un momento, alguien sabe necesitarme, yo me creo que me necesita para siempre y no sé irme, no sé dejar de estar, pero tampoco aprendo a estar del todo, a permanecer y, aún así, soy siempre incondicional, por sobre mí misma y mi deseo, por sobre todo lo que soy. 

miércoles, febrero 17

unas cuantas despedidas

 Nos hemos despedido tantas veces que siempre siento que esta será realmente la última y que se hará, tal vez, aunque sea, un poquito más fácil, pero te veo a los ojos y todas nuestras despedidas anteriores vuelven a doler y a despedirse, veo la primera, con tus ojos llenos de lágrimas y miedo, un último beso, la siguiente, tus ojos escapando de los míos y tus manos evitándome, otro último beso, otras, sin siquiera verte, pero sintiéndote triste, lejos y seguro, la última, con tus ojos esquivos, raros, hasta un poco arrepentidos, se me va tu voz y lo que fuera que habías dicho, se me deshacen tus manos y un poco me olvido de tu olor y ahí sé que no te despido más, porque esta es la última vez que me despido, mis ojos siempre llenos de llanto, mi garganta con ese nudo repleto de miedo, de palabras por decir, mis manos y mis brazos queriendo robarte un poco más de caricias, un último abrazo que me diga que esta vez te quedas y mi mente siempre segura de que te vas para ya no volver, para, de una vez por todas, finalmente, desaparecer. 

jueves, febrero 2

Añoranzas

Hoy, tomé café y, como nunca, herví leche para acompañarlo: pensé en ti. Recordé esos lonches de domingo o de otros días en los que pedías leche bien caliente para tu café, en que cortabas tu pancito y comías tu tamal feliz ofreciendo tus salchichas favoritas y hasta tu pan. Recordé el último día de la madre, desayunando juntos, tu sorpresa a la gorda y tus ojos acompañando la emoción de tu voz entrecortada. Te recordé como te recuerdo seguido cuando huelo café, veo una camisa de mangas cortas o un pantalón marrón, te recordé como te recuerdo seguido: feliz, sonriendo, contando historias que te gustaba repetir, escuchando lo que querías escuchar y disfrutando, siempre disfrutando.
Te recuerdo siempre cuando disfruto, cuando lloro y disfruto llorar, cuando como y gozo comiendo, cuando abrazo y cuando río, cuando te recuerdo, cuando camino y me asombro por cosas que parecen cotidianas, cuando aprendo, cuando defiendo una idea y cuando me canso y decido no volver a andar hasta que elijo andar de nuevo.
Extrañarte no estaba en tus planes, ni en los míos, pero te extraño, viejito, extraño tus preguntas repetidas y tu uña dañada por un tigre, tu café con leche y tus chilcanos, nuestras siestas y tus tardes de sillón, tu audífono y tu sordera selectiva, tu fascinación por la comida y por la vida, gracias por aprender conmigo y por recordarme que me asombre y que disfrute, por ayudarme a vivir feliz.

sábado, enero 14

des-enlaces

A veces, los desenlaces son eso: desenlazar, desatar un lazo, romperlo, pero otras, muchas de las veces, los desenlaces son, más bien, atar más un lazo, afianzarlo, porque, al tensarlo, solo lo haces más fuerte, lo unes. Hay lazos que parecen sueltos, porque tienen puntas lejanas, que, cada tanto, se jalan para mantener el lazo y son, tal vez, esos los lazos más duraderos, menos tensos, más libres, porque enlazarse no es ahorcar, no es apretar, enlazarse es unirse, acercarse y acompañarse, no atraparse, en ningún caso, atraparse.
Espero siempre enlazarme en lazos sueltos, libres, descomplicados, en lazos que no ahorcan, pero acarician, en lazos que acompañan.

martes, diciembre 6

Inescribible

Hay sensaciones sobre las que no se puede escribir, porque a las palabras, por fascinante que sea su existencia, les falta un trocito de vida que deje decir, que haga decir eso que ahora sientes colmando tu panza, tus hombros y las yemas de tus dedos, que percibes en tus cejas, en los pies y en algunos de los lunares de tu piel. Todavía las palabras no existen lo suficiente como para decir eso que te perturba al despertar, que evita que duermas incluso cuando tienes sueño, todavía no saben decir lo que cada parte de ti parece gritar.

Y yo...yo todavía no sé escribir eso que sé que quiero decir, porque, como a las palabras, me falta un trocito de vida que me haga decir, que evite que calle.

lunes, octubre 17

-vida-

Hoy, caminando, volví a ver a Conrado, trepado en una moto, con sus manos tomando firmes el timón, los zapatos que usaba siempre, sin medias, como, en días de mucho calor en verano, alguna vez lo vi. Tenía un casco y, probablemente, unas piernas un poco más gordas -tal vez, debería decir menos flacas-, algunas arrugas menos y ninguna marca visible de alguna operación en la piel, pero tenía el mismo brillo en los ojos que él, sus mismas ganas de vivir, porque si algo tenía Conrado eran esas incesantes ganas de vivir que hoy vi en un abuelo que, tal vez, no tiene una nieta que vaya a extrañarlo o que, tal vez, no es abuelo. 
Hoy, volví a recordar que ya no tendremos más lonches y que no volverá a pedirme más leche caliente con un chorrito de café, que nunca más le haré un chilcano antes de almorzar tarde un domingo, hoy, de nuevo, sé que mi Conrado favorito ya no está, que ya no desaparecerá en medio de mi siesta para ir al baño, que ya no me ofrecerá las salchichitas que tanto le gustaban o su pan favorito, ya no discutirá con Vilma, ni se escapará por fruta, ya no irá a vigilar su café o a cosecharlo. Hoy, hace un tiempo, Conrado ya no está, apagaron sus ganas y su voz, pero hoy, desde hace varios años, sus historias me hacen compañía.

martes, octubre 11

vivir

Siempre habrán momentos en los que, por un instante, podremos convertir el tiempo en eternidad y regalarnos libertad, hacer lo que queremos hacer sin complicarnos más y vivir, por ese eterno instante, vivir todo lo que nos hace falta vivir, lo que nuestro ser ruega a gritos vivir, experimentar; tal vez, haga falta un poco de coraje, ausencia de miedo y ganas de libertad, pero, una vez que decidamos, nos regalaremos eternidad, eternidad y, lo más importante, libertad.
Me pido siempre regalarme eternidad dejando el miedo a un lado, no forzarme y escuchar a mi sinceridad, me pido siempre darme instantes eternos para atesorar.

sábado, septiembre 24

Conrado querido

Cierro los ojos, retrocedo un par de pasos y el agua cae sobre mí, golpeando fuerte mis hombros, ensordeciendo mis oídos y lo escucho: finalmente, hay silencio, no me oigo pensar, ni la música, ni el viento, ni a los vecinos, ya no oigo nada y mis lágrimas caen sin escándalo, mi llanto es libre. Vuelvo a salir esos dos pasos, abro los ojos y, de nuevo, oigo todo: el agua sobre mi espalda, la música, el viento, a los vecinos y mi llanto, oigo a mi llanto gritar y todo vuelve a ser real: ya no está. 
Y, sobre la realidad, no hay caída de agua que ensordezca a mis oídos, que me haga cerrar los ojos y no ver que no está, que, hoy, se apagó su energía, que hoy su vida y sus ganas se agotaron, que su chispa ya no es más, no hay agua que me impida ver que no nos dijimos nunca ese adiós, aunque nos lo dijimos tantas veces, no hay caída de agua que calle que, cuando vaya a buscarlo a su casa, ya no estará, que sus historias ahora solo existen en quienes las escuchamos y no hay caída de agua que me diga cómo será no verlo nunca más, no abrazar su cuerpo flaco una vez más, no hay caída de agua que sepa cuánto lo voy a extrañar.

Hoy, se fue mi Conrado favorito (tal vez porque no tengo otro Conrado) y murió en paz, como dijo que iba a morir, reímos y lloramos con él hasta que pudo y luego nos tocó llorar y reír por él, por sus recuerdos y los nuestros, por su historia y por esta despedida, que ha sido tantas anteriores, pero que hoy es final, que hoy es despedida de verdad. Gracias, abuelo, por estos años de compartir y de andar, de discutir y aprender, de escuchar y, unas pocas veces, callar, gracias por este tiempo en el que ambos empezamos a querernos y gracias por tus historias repetidas, porque ahora las recuerdo sin esfuerzo. Te quiero mucho, viejito.

martes, septiembre 20

80 pirulos

En los últimos días, es complicado hacer las cosas sin pensar en mi abuelo, sin encontrarlo en canciones, frases, platos de comida o en gestos. Ayer, mientras estaba en el subte, vi a un viejito que tenía en la oreja un audífono como el que él usaba antes, el caro, del que siempre se queja porque nunca funcionaba; una chica pasó detrás de él y lo empujó, lo que hizo que él me empujara, al instante, me pidió disculpas y dijo algo que no entendí, le dije que no se preocupara y luego me miró sonriendo y dijo "sólo quiero pasar mi cumpleaños en la calle", le respondí "qué buen plan" y soltó un muy alegre "¡80 pirulos!" y no pude evitar ver en sus ojos y en su energía la de mi abuelo, le dije feliz cumpleaños y contuve mis ganas de abrazarlo palmeándole la espalda, me contó que se llamaba Oswaldo y que el 19 de septiembre es el día en el que más gente nació en el mundo, sonrió, llegamos a su parada y nos despedimos.
Oswaldo no conoce mi historia y yo no conozco la suya, pero, por ese momento, durante ese corto viaje, nos hicimos compañía y me regaló la alegría de recordar las ganas de mi abuelo, sus ojos y su vida.

domingo, septiembre 18

compatible

Con algunas personas, existe un nivel de compatibilidad tal que, a veces, hasta parece innecesario hablar, decir, basta con mirarlas a los ojos y entender, entenderlo todo, el dolor, la alegría y hasta el miedo. Con algunas personas, sobra la conexión, la confianza, el entendimiento y, sin siempre decirlo, y, a veces, sin quererlo, nos dejamos ir, nos dejamos ser. El miedo va perdiendo espacio y puede más la alquimia rara de la compatibilidad, que solo puede sentirse, porque hacen falta palabras que la expliquen.


en tus ojos, esas personas entienden todo lo que decides callar o eliges no decir, porque tus ojos no aprendieron y nunca aprenderán a mentir, pero, a veces, hace falta decir, intentar, elegir hablar, aunque mirar a los ojos sea siempre la forma más sublime de, sin palabras, decir.

lunes, septiembre 12

Otoño

Mirna salió de casa y empezó a caminar, no había música sonando, pero el ruido incansable del silencio no paraba de retumbar en sus oídos. Ya no tenía miedo, pero tampoco ganas y caminaba mirando el suelo sin mirarlo, las hojas cayendo, que, normalmente, amaba del otoño, no llamaban su atención, ni siquiera las flores de la esquina que Miguel vendía con tanto entusiasmo lograron hacerla sonreír. Siguió su camino sin saber bien a dónde iba, hasta que levantó la mirada para cruzar la calle y, de pronto, vio los ojos más tristes que había visto en su vida, pensó en hacer algo para ayudar a que vuelvan a tener luz y, en ese momento, se dio cuenta de que esos ojos eran suyos y solo estaba viendo un espejo.

miércoles, septiembre 7

performance

Parada en el centro de un teatro, hoy, vacío, miro hacia arriba y a los lados y no comprendo la inmensidad y me siento pequeña, diminuta. Miro hacia arriba y encuentro a una araña inmensa y repleta de cristales, los cristales son, por supuesto, más grandes que yo. Miro hacia adelante y hay butacas vacías y una puerta en el fondo, una puerta mucho más grande que yo. Miro a los lados y los palcos vacíos me miran, me evalúan, podría decir que me juzgan y me vuelvo todavía más pequeña, lato chiquito y muy rápido. Finalmente, decido mirar hacia atrás y veo el escenario y lo siento, camino hacia él y, a cada paso, me hago un poquito más grande, menos pequeña. Por primera vez, lo piso y me convierto en inmensidad, repleto cada espacio del teatro, el teatro está lleno de mí y yo estoy llena de él. Miro hacia adelante, hacia los lados y hacia atrás y, en cada rincón, me encuentro a mí, grande, libre, inmensa, pero efímera, siempre efímera.

lunes, septiembre 5

Destruir

Qué fácil es destruir lo que con tanto esfuerzo y tan lentamente construimos y es que parecemos seres destructores por excelencia. Seres que destruyen lo que ellos mismos construyen con una facilidad que nunca deja de asombrarme. No importa cuánto de ti pusiste en algo o cuánto tardaste en construir eso que tanto querías y, luego, como si lo hubieras hecho de la más fina fragilidad, lo destruyes sin demora, sin cansancio, sin demasiada importancia. Y podría pensarse, tal vez, que construimos cosas frágiles, demasiado débiles o efímeras, pero, en realidad, parece ser que es tan grande nuestra fuerza de destrucción que no importa cuán sólida sea nuestra construcción podemos, sin esfuerzo, destruirla.
Espero ser un ser constructor cuya fuerza destructora sea inexistente, cuyo anhelo sea siempre construir y no tirar abajo y coincidir con seres que quieran, a mi lado, construir.

miércoles, agosto 31

adiós

Mi abuela no pudo nunca decirme adiós, tal vez, porque nunca pudo decirme hola o cantarme una canción, tampoco me cosió un vestido, ni me enseñó a rezar el rosario o a ir a misa, nunca tomó mi mano para cruzar la calle, ni lavó mis manos para comer. Mi abuelo, en cambio, me ha dicho hola tantas veces que ya no puedo contarlas, aunque lo conozco desde antes de que pueda recordarlo, es mi abuelo recién hace algunos años, no recuerdo si de niña me compró algún dulce alguna vez, tampoco sé si tomó mi mano en el supermercado mientras buscábamos pan, no recuerdo haberme sentado en su regazo a escuchar alguna de sus tantas historias, ni si me abrazaba cuando nos reencontrábamos, pero, desde que es este abuelo, al que conozco y quiero, aunque a veces no lo entienda, recuerdo la vez que me llevó a toda velocidad para que no me perdiera una función de teatro, tengo como un recuerdito que brilla la cena que comimos juntos cuando fui a dormir a su casa yo sola por primera vez, cada una de nuestras largas charlas en las que intentaba explicarle qué es la lingüística, sin que me escuchara con atención, todas sus historias repetidas tamborileando en mi cabeza, verlo comer cada uno de sus antojos con más hambre que yo, con el doble de ganas y la mitad de saciedad, su sillón que decidió, hace muchos domingos, compartir conmigo, nuestras siestas acompasadas, nuestras discusiones en la mesa por su obstinación y mis ganas de cambiarla y su sonrisa, sus audífonos, su dolor de cintura, su tango instrumental y sus ganas de aprender, los lonches juntos y sus chistes que me sé de memoria, sus palabras de suerte en cada una de nuestras despedidas y sus abrazos de viejo flacucho, que hoy me hacen tan difícil pensar en decirle adiós, aunque no sea un hombre perfecto -y, seguramente, esté mucho más lejos de serlo de lo que sé-, ni el mejor abuelo, siento que todavía nos debemos muchos holas y otras siestas, más lonches y otras muchas discusiones. Mi abuelo puede decirme adiós tantas veces como me ha dicho hola, pero ningún adiós suyo va a prepararme para el que tenga que decirle yo cuando él ya no pueda responderme, porque ya me hacen falta sus historias y nos quedan, todavía, tantos holas por decir.

martes, agosto 30

Historias incompletas O+

-Y yo sigo siendo la que te quiere con todo y tus miedos

-Yo no sé quererte con tus ganas, me asusta cómo haces que todo tiemble, que todo cambie y yo pierdo el control

-Creo que eso es lo que más me gustaba de mis días contigo, que no tenía el control, pero tampoco lo perdía, solo no era necesario. Nuestro mundo no era uno donde existiera el control, entonces, tampoco existía el descontrol, esa era una binariedad que parecía inventada, fabricada por los otros y para los otros, pero no para nosotros, nunca para nosotros

-Pero podía pasar cualquier cosa

-¡y podía pasar cualquier cosa! ¿No era lindo eso?

-No sé...tal vez, pero asusta un poco, ¿no? No saber qué viene, no entender bien qué pasa, no terminar de entender

-Sí, supongo...pero así todo asusta un poco, de nada sabemos mucho, ¿no? pero igual vivimos, igual, hacemos

-Pero sabemos más o menos a dónde vamos

-Y nosotros también sabíamos, creo, íbamos a disfrutar y a acompañarnos todo lo que pudiéramos

-¿y hasta cuándo íbamos a poder?

-Yo creía que estábamos en camino a averiguarlo, pero luego te fuiste y no supe nada y empecé a sentir que perdí el control como si la binariedad sí existiera, como si nuestro mundo hubiera dejado de ser nuestro

-Mora, yo me muero por ese mundo contigo, por ese mundo nuestro, me imagino un mundo a tu lado...pero lo quiero fijo, seguro

-Es seguro, Fer, tú eres mi hogar, donde, por fin, me dejo ser yo, veo mis fallas y mis aciertos, me abrazo, donde soy-Fer sintió, después de mucho, la chispa que sintió la primera vez que miró a Mora embelesado cuando la escuchó decir eso, esa chispa que lo repletaba y lo hacía sentirse capaz de todo-pero ¿fijo? no sé, porque cambiamos, Fer, y eso siempre va a alterar nuestro mundo porque es nuestro, lo complica o lo extiende y lo hace más bonito, más nuestro

-¿y si un día cambiamos demasiado?-dijo Fer, permitiéndole al miedo libertad

-Tal vez nos toque dejar nuestro mundo y hacernos unos nuevos, pero es algo que no sab-

-Tú también eres mi hogar, Mora, cuando haces que todo tiemble terminas dándome calma y esperanza-dijo mirándola perdido en sus ojos

-Entonces, Fer, ¿cuál es el miedo?

-Al después, ese después que no puedo controlar-dijo bajando la mirada

-Porque no necesitas controlar, necesitas vivir y que pase, puedes elegir el ahora o pensar en un después que no puedes cambiar

-Es que contigo yo quiero un ahora, pero también quiero un después, Mora-dijo Fer, esta vez, permitiéndoles libertad a sus ganas

Ya con lágrimas acobardando sus mejillas y sus palabras, Mora respondió:

-Y yo quiero todo contigo, Fer, porque quiero vivir y acompañarte, acompañarnos, quiero nuestro mundo libre de control, quiero esa vida que juntos hacemos parecer fácil sin intentarlo

-Es tan fácil cuando es contigo

-¿podemos intentar vivir días fáciles hasta que nos alcancen las ganas?

-Podemos, Mora y espero que nos sobren las ganas, porque quiero que mi mundo siempre sea el nuestro

-Te quiero, Fer, te quiero tanto.

Y, en ese abrazo, ambos se perdonaron y eligieron continuar o volver a empezar viviendo el ahora, siendo el momento, siendo juntos, acompañados.

-Gracias, Mora, por todo. Te quiero.

Y la sonrisa de Mora en el beso que él decidió robarle le contó a Fer que este era un fresco comienzo y que, esta vez, las ganas eran más fuertes que el miedo.

lunes, agosto 29

Historias incompletas -O

-Y yo sigo siendo la que te quiere con todo y tus miedos 
-Yo no sé quererte con tus ganas, me asusta cómo haces que todo cambie y yo pierdo el control 
-Creo que eso es lo que más me gustaba de estar juntos, el control no existía, porque no era necesario, vivíamos juntos lo que queríamos vivir 
-¿y después?¿qué iba a pasar? 
-No sé, Fer, no sabía qué iba a pasar después, pero me hubiera gustado que lo averigüemos juntos-dijo Mora medio entrando en llanto, sin poder mirarlo a los ojos 
-Vuelvo a pensar que estás mejor sin mí, porque no tengo claro todavía lo que quiero o, tal vez, sí, pero lo que quiero tiene que ver con tener certeza sobre después y nadie me la puede dar
-Pero tú tampoco quieres dármela, Fer
-¡porque no sé, Mora! No sé qué va a pasar y eso me frustra 
-¿Por qué? ¿Qué importa no saber? 
-Si no sabes a dónde vas, ¿cómo vas?-dijo Fer frustrado 
-El problema está en que crees que hay que llegar a algún lugar en específico, Fer, si hay algo que hacer es andar y, al final, vamos a llegar a donde tenemos que llegar-dijo Mora, también frustrada
-Ya estamos grandes, Mora, tenemos que pensar en después 
Mora sonrió no de felicidad, sino de tristeza, porque esa sonrisa cerraba el recuerdo de lo vivido con Fer, de sus idas y vueltas anteriores y de su hoy, donde entendía que, no sabía si solo por ahora o ya para siempre, no importaba cuánto bien le hiciera Fer o él a ella, no podían acompañarse, porque buscaban cosas distintas, que el otro no podía darles. Fer la miro y abrió los ojos extrañado:
-¿Qué pasa? 
-Nada, Fer, se acabó-dijo Mora ya con lágrimas en sus mejillas 
Fer la miró callado un rato y luego quiso decir "gracias", pero solo dijo:
-Perdón.
Hablaron por un rato más, Mora intentó explicarle que no era culpa de nadie, que solo eran distintos, pero él no podía evitar sentirse culpable y, cuando la abrazó para despedirse, lloró como ya nunca había querido atreverse mientras le decía:
-Gracias, Mora, por todo.
Ella, llorando y tratando de consolarlo, se quedó callada y le dio un beso en la frente como los que pensaba que lo calmaban, pero no funcionó, se soltaron y lo vio irse llorando mientras ella tampoco podía parar de llorar.

Historias incompletas O

Aquí, el lector decide si, como yo, es un romántico/soñador, que quiere que la historia de Mora y Fer continúe hacia Historias incompletas I y los dejemos vivir su historia, cayendo, llorando, doliendo y, también, sonriendo, jugando, atreviéndose, viviéndola o si prefiere que, en cierto momento, las historias terminen -completas o incompletas-, que acaben y, entonces, Historias incompletas -X no es más que la continuación de Historias incompletas XI e Historias incompletas -O es el fin de estas historias, que, poco a poco, se fueron contando. Si, como yo, quieren soñar, O+ abre el camino a lo que sigue.

jueves, agosto 25

Volver a poner el mundo al revés.

martes, agosto 23

El mundo del revés

Sentada bajo el árbol, Alondra mira atenta su reflejo en el agua y un pato que pasa por ahí, por un momento, también mira el suyo con ella. El reflejo parece una pintura, una linda e intrigante, de líneas claras y brillantes, el agua no está limpia, pero el reflejo parece un retrato listo para ser colgado en un museo. Una hoja del árbol cae al agua y algo en el reflejo de Alondra se desdibuja, pierde forma por un rato, ella mira atenta esa mancha y, así, pierde la visión de su reflejo, solo ve la mancha que tiene en ese mundo del revés. Entonces, con el dedo, mueve el agua donde se dibuja su retrato y desdibuja cada una de sus facciones, sus ojos y su boca, se esmera en deshacer su sonrisa y, al rato, el agua vuelve a ser calma y el reflejo, de nuevo, parece intacto, como si, en ese mundo del revés, todo lo que la dañe o la cambie fuese solo efímero y, aunque no hay un dedo, ni una hoja saliendo de su reflejo, Alondra nota que todo lo que la afecta es siempre efímero, en este mundo y en el del revés, porque, finalmente, ella también es efímera.

domingo, agosto 21

girasoles

Claudio vende flores en el subterráneo desde que Margarita lo tomaba con su papá para ir al colegio, siempre lo saluda y él sonríe "eh, Margarita" y, cada tanto, le regala un girasol. Claudio siempre se encuentra con artistas callejeros durante el día y ha oído a tantos que ya casi ninguno lo sorprende. Hoy, Claudio ya estaba terminando su turno, porque los viernes siempre lo termina más temprano, cuando Lucas tomó su guitarra y empezó a cantar. Las letras de "Puente" empezaron a salir de la boca de Lucas y todo lo demás pareció quedar en silencio, Claudio dejó de guardar sus cosas, sacó su celular y empezó a grabar al hombre que, después de tanto tiempo, lo sorprendía con su talento. Otros acompañaron a Claudio, grabando u oyendo embelesados a Lucas, que no parecía esforzarse para cantar tan bien como lo hacía, que sonreía mirando a los ojos a cada extraño, que, por esos minutos, se conectaba con él y parecía conocerlo de siempre. Mientras la canción terminaba, llegó Margarita y saludó a Claudio, compró una docena de girasoles y, con Lucas de la mano, se fue.