miércoles, noviembre 21

cuentos

Un día, me contaron el cuento de la pluralidad, de la libertad de pensamiento, de la enseñanza, de dejarme escoger, me dijeron que era verdad, que podía creer lo que yo quiera, que ellos me iban a dar todos los puntos de vida y que yo (¡yo solita!) podía escoger, me susurraron que nunca me iban a imponer una manera de pensar, que aceptaban a todos y que no discriminaban a nadie, me hicieron creer, me vendieron la historia perfecta. Lo que nadie me dijo es que ese no era un cuento de hadas, sino, uno de engaños, de embusteros, de los que te cuenta el vendedor de grasa de serpiente en alguna calle concurrida, no me dijeron que sólo querían que lea los textos que iban de acuerdo a lo que ellos creían, no me contaron que había que opinar como ellos, o parecido, para tener un lugar, no me dijeron que iban a terminar diciéndome que lo que yo pienso está mal, sólo porque es distinto a lo que ellos piensan. Me contaron un cuento y me lo creí, me vendieron una historia y la compré, porque los veía con ojos sinceros, porque se llaman luz, porque "¿cómo ellos van a mentir? si son intelectuales, si lo saben todo", porque son buenos, porque...porque sí. Hoy, sé que me engañaron, que, para ellos, tengo derecho a pensar, mientras lo haga como ellos, que puedo decir lo que pienso, mientras no sea distinto a lo que ellos dicen, que puedo ser, mientras no sea diferente. 

lunes, noviembre 12

Lima sigue siendo extraña para mí, a veces, me ahuyenta, otras, me enamora, me hace pensar en quedarme, en hacerme suya, poco después, me recuerda que soy solo una visita, que estoy aquí, talvez, de paso y que, si no, igual nunca seré suya, pero puede que ella sí sea mía. Al final, la dibujo como quiero, la veo con los ojos de mi antojo, la imagino, la recuerdo, la creo y la recreo, Lima es, para mí, la novedad, pero, también, la vejez, el escape. Lima es la ciudad de la que no soy, ni nunca seré, pero que, cada que quiera, será mía.

lunes, noviembre 5

Si muriera hoy, permitiría que se atrevan a decir que mi último día fue feliz, porque lo fue.
Un día, hace 2 años, casi 3, estaba llorando por esas cosas por las que llora una cuando tiene 17 y, mientras lloraba, solo dos personas en el mundo estaban a mi lado, mientras una me calmaba: me decía que las cosas se iban a arreglar y que eso que tanto quería se iba a dar, la otra desapareció "está bien -pensé-, no nos conocemos mucho, seguro la aburrí", pero, entre mis lágrimas la vi regresar, con un dulce en la mano, sonrió y dijo que era para mí. ¡PARA MÍ! nos conocíamos poco, podía ser una loca engreída, llorando por cualquier tontería, pero vino ella, con toda su dulzura y me hizo sonreír. Después de eso, las historias van cayendo una sobre otra y no logro distinguir si algún momento ha sido más importante que otro, no atino a saber qué la empujó a ser tan buena, mentira, sí lo sé: ella es así. Con el tiempo, descubrí (o aprendí, no lo sé) que nos parecíamos en muchas cosas, que Calamaro nos enloquecía por igual, que la comodidad nos importa más que lo demás, que reímos como tontas, que ella también escribe, que los chicos con barba nos parecen lindos, que nos gusta comer, que nos encanta comer, descubrí eso y otras cosas más, pero, lo que más me gusta de todo lo que aprendí es que la amistad que tengo hoy con ella no es intercambiable, que si me preguntan cuánto la quiero no podría ponerle un tope a todo lo que la amo, que con casi nadie me río como lo hago con ella, que, muchas veces, es mi mamá, que es dulce como ella sola y que, no importa cuántas veces se lo haya dicho ya, siempre voy a tener un 'gracias' nuevo para decirle, porque solo ella sabe todo lo bueno que ha hecho por mí. Ahora, elegiré callar todo lo demás que hace que la ame tanto, para evitar el tener que compartirla con más gente. Como si hiciera falta añadirlo, diré que la tengo en lo más alto de mi cariño, literal. Te amo, Altuchi, gracias por ser.

Nunca a él

Lo que pienso puede gustarle a mi mamá, a mi papá, a mis tres abuelos, a mi hermana, a todos mis primos, a algunas de mis primas, a mi amiga, a mi amigo, al que no me conoce, al que me lee, al que no sabe de mí, a mi mejor amiga, al loco, a la que ya lo olvidó, a su tía, a la mía, a los niños, a mi profesora, a mi profesor, a mí, pero no a él, nunca a él. Lo que escribo le puede parecer inteligente a ella, a ellos, a sus, a mis, a los, a las, menos a él, nunca a él. Yo le puedo gustar al vecino, a su perro, a mi gato, a su gato, al amigo del amigo, a los amigos, a la amiga, al primo lejano, al olvidadizo, al que todo lo recuerda, al que no me gusta, al de la sonrisa, al de los ojos, al soñador, pero no a él, nunca a él. Lo que quiero decirle se lo he dicho a todos, a papá, a mamá, a mi amiga, a su amigo, a mi mejor amiga, a la loca, al cuerdo, al lector, al escritor, al soñador, al músico, al que juega con el yo-yo, a mi gato, al de la tele, al de la esquina, a la señora de la tienda, al portero, a mi profesor, a su gata, a su mamá, a sus sueños y a los míos, menos a él, nunca a él.